Newsletter de Mauricio Llaver
La guerra en Irán siguió escalando esta semana en las noticias y, por lo que parece, así continuará durante un largo tiempo. La verborragia de Donald Trump nos inunda en todas las pantallas, y la imposibilidad de acceder a datos certeros nos puede dejar descolocados ante cualquier interpretación. Pero queda claro que el objetivo es conseguir que Irán elimine su programa nuclear y controlar el Estrecho de Ormuz, para lo cual se necesita provocar un cambio de régimen en el país persa. Mientras tanto, es bueno recordar que Irán es una especie de imperio nostálgico, actualmente gobernado por una teocracia política, que está asentado sobre alrededor del 12% del petróleo mundial. Para conocer más sobre tu historia imperial recomiendo un par de clásicos de la Grecia antigua, como la “Historia” (o “Nueve libros de la historia”), de Heródoto, y la “Anábasis” (o “Expedición de los diez mil”), de Jenofonte. Y, ya en el plano de la ficción histórica, el formidable “Creación”, del gran escritor estadounidense Gore Vidal.
LA DINASTÍA AQUEMÉNIDA. La historia de Persia comienza cuando algunos pueblos indoeuropeos se asentaron en la meseta iraní hacia el año 1000 A.C. La geografía de la zona, una meseta elevada rodeada de montañas, permitió el desarrollo de una cultura resiliente y defensiva (sobre la cual pueden verse imágenes interesantes en la película “Argo”, dirigida por Ben Affleck). Hacia el 550 A.C., Ciro el Grande fundó la Dinastía Aqueménida, que desde entonces legó a unos cuantos Ciro, Darío, Jerjes y Artajerjes, todos de la misma familia y muchos de cuyos descendientes terminaron guerreando entre sí.
LA SUPERPOTENCIA MUNDIAL. En el Siglo 5 A.C. Persia era la superpotencia mundial, el árbitro del mundo conocido. Allí llegó el choque con la Grecia clásica, y sus enfrentamientos con las ciudades-estado griegas no fueron sólo militares, sino que marcaron una lucha por la influencia regional. Persia tiene sus propios mitos al respecto, pero en nuestro mundo occidental han prevalecido los relatos de los griegos sobre la batalla de Maratón, el enfrentamiento en el desfiladero de las Termópilas (con la famosa resistencia de los 300 espartanos ante el avance de Jerjes, argumento de varias películas de Hollywood), y la batalla naval de Salamina, un ejemplo de cómo una fuerza muy inferior en número puede derrotar a un ejército mucho más poderoso. Tras aquellas “guerras médicas”, Persia promovió los enfrentamientos internos entre los griegos (“divide y reinarás”) al apoyar especialmente a Esparta sobre Atenas durante la Guerra del Peloponeso, con lo cual aseguró su hegemonía en la región durante un siglo más. Su declive comenzó hacia el final del Siglo 4 A.C. con la campaña de Alejandro Magno y su conquista de Persia, consolidado en el 330 A.C. con su triunfo en Gaugamela contra Darío III.
CONTINUIDAD CULTURAL. Desde entonces sucedieron muchas cosas en Persia, pero nada quebró su continuidad cultural, lo cual hace sonar a pura bravata la aseveración de Donald Trump de que dicha civilización va a desaparecer cualquiera de estas noches. Los iraníes de hoy hablan farsi, una lengua indoeuropea que sobrevivió a la arabización y que es el idioma de la administración y la alta literatura, y tienen en sus raíces al zoroastrismo, una postura de dualismo ético (lucha entre la luz y la oscuridad) que influyó en el judaísmo, el cristianismo y el islam. Por añadidura, la llegada del islam en el Siglo 7 no significó que Persia fuera “arabizada”, sino que el islam fue “persianizado” con sus aportes científicos y filosóficos. Aproximadamente el 90% de los iraníes pertenece a la rama chiíta del islam, que es a su vez una notoria minoría dentro del mundo musulmán (entre el 10% y el 15%). Por lo cual hay que tener cuidado en los análisis con no confundir al “mundo musulmán” (que contiene al Irán moderno) con el “mundo árabe” (al cual no pertenece ni por etnia ni por idioma ni por su rama religiosa dominante).
LA DIARQUÍA TEOCRÁTICA ACTUAL: EL BRAZO POLÍTICO (I). La historia del Irán moderno, y la fuente de los bombardeos de hoy, está marcada por el paso de la dinastía Pahlevi a la República Islámica, en 1979. Desde entonces, bajo el liderazgo del AyatollahRuhollah Khomeini, Irán rompió vínculos con Occidente y pasó a ser un estado teocrático basado en lo que el islam ortodoxo llama “Gobierno del Jurista”. A diferencia de las monarquías absolutas de la antigüedad persa, el estado actual es una diarquía teocrática única en el mundo, donde coexisten instituciones de elección popular con un poder clerical supremo.
LA DIARQUÍA TEOCRÁTICA ACTUAL: EL BRAZO POLÍTICO (II). El pilar técnico de la República Islámica es el concepto de “Tutela del Jurista Islámico” (“Velayat-e Faqih”), que establece que la nación debe ser supervisada por un Imán (autoridad religiosa) o, en su ausencia, por el jurista islámico más capaz. El Líder Supremo es la máxima autoridad técnica, política y religiosa, comandante en jefe de las fuerzas armadas, y quien designa a los jefes del poder judicial y de la radio y televisión estatal. Su poder es vitalicio. Después viene el Consejo de Guardianes, considerado como “el filtro” del Estado. Está compuesto por 12 miembros (6 clérigos y 6 juristas) y su función técnica es asegurar que ninguna ley aprobada por el Parlamento contradiga la sharia (ley islámica) o la Constitución, y descalificar a cualquier candidato a la presidencia o al parlamento que no consideren suficientemente leal a los principios de la revolución.